Tortas Fritas y Tormentas de Santa Rosa
Cuento ritualista para tardes de lluvia y corazones entrelazados
Tortas Fritas y Tormentas de Santa Rosa
La lluvia golpeaba suave el techo de la cabaña del Portal
del Sol, como si quisiera contar su propia historia. Adentro, el aroma de las
tortas fritas recién amasadas envolvía cada rincón, mientras la abuela, con sus
manos sabias y su delantal floreado, guiaba a Tomás y María en el arte de freír
con amor.
—¿Abuela, es verdad que esta lluvia es la Tormenta de Santa
Rosa? —preguntó María, mientras Tomás espolvoreaba azúcar sobre una torta
dorada.
La abuela sonrió, con esa mirada que guarda siglos de
relatos.
—Dicen que Santa Rosa pidió al cielo una tormenta para
proteger a su pueblo. Y desde entonces, cada año, esta lluvia llega como
bendición y memoria. Es una lluvia que limpia, que abraza, que recuerda.
En la estufa, el abuelo acomodaba las leñas con paciencia
ritual. El fuego crepitaba como si también quisiera participar del cuento.
Sobre la caldera, el agua comenzaba a cantar su promesa de mate compartido.
El padre, sentado en su rincón de madera, acariciaba las
cuerdas de su guitarra. Cada nota era un suspiro de gratitud, un puente
invisible entre generaciones. La madre tejía gorros de colores para sus hijos,
hilando ternura en cada punto, mientras Pety, el gato curioso, jugaba con un
novillo de lana como si fuera un cometa atrapado en la tierra.
La cabaña entera parecía respirar al ritmo de la lluvia.
Afuera, el mundo se mojaba. Adentro, la familia se tejía.
Y así, entre tortas fritas, cuentos de tormentas y melodías
suaves, el Portal del Sol se convertía en altar de memorias vivas. Porque cada
tarde de lluvia es también una oportunidad de renacer, de recordar, de abrazar
lo esencial.
Capítulo II: La Tormenta y los Recuerdos del Abuelo
La lluvia seguía cayendo, constante y envolvente, como si
tejiera un manto invisible sobre el Portal del Sol. Tomás y María, aún con las
manos tibias por las tortas fritas, se acercaron al abuelo, que avivaba el
fuego con leñas secas y mirada profunda.
—Abuelo… ¿vos también viviste la Tormenta de Santa Rosa?
—preguntó Tomás, con la curiosidad encendida.
El abuelo se acomodó en su sillón de madera, tomó el mate
que la abuela le alcanzaba como gesto ritual, y comenzó a hablar con voz
pausada, como si cada palabra fuera una chispa en el hogar.
—La primera que recuerdo fue cuando tenía su edad. Mi madre
decía que Santa Rosa pidió al cielo una tormenta para proteger a su pueblo de
los invasores. Y que desde entonces, cada año, cerca del 30 de agosto, el cielo
responde con lluvia, como si la santa aún cuidara desde las nubes.
María se acurrucó junto a su madre, que tejía gorros con
hilos color esperanza. Pety, el gato, se detuvo en su juego, como si también
escuchara.
—Pero no es solo una tormenta —continuó el abuelo—. Es un
aviso de que el ciclo cambia. Que hay que prepararse para lo nuevo. En mi
infancia, cuando llovía así, nos reuníamos todos en la cocina. Mi madre tocaba
la guitarra, como lo hace ahora tu papá. Y mi abuela, que también hacía tortas
fritas, nos contaba que cada gota era una bendición, una memoria que volvía.
La abuela, que escuchaba en silencio, agregó con dulzura:
—Por eso cocinamos juntos. Porque cada receta es también una
historia. Y cada historia, una forma de abrazar lo que fuimos y lo que somos.
Afuera, la tormenta se intensificaba. Pero adentro, la
cabaña brillaba con calor humano, con relatos que cruzaban generaciones como
cometas rituales. La Tormenta de Santa Rosa no era solo agua: era memoria,
protección y renacimiento.
Tortas Fritas e Tempestade de Santa Rosa (En Portugues)
https://relatosdelportaldelsol.blogspot.com/2025/09/tortas-fritas-e-tempestade-de-santa-rosa.html
Fried Cakes and the Storms of Santa Rosa (En Ingles)
https://relatosdelportaldelsol.blogspot.com/2025/09/fried-cakes-and-storms-of-santa-rosa.html
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